Saqueo con efectivo y tarjeta.

Las noticias son vistas, comúnmente, para sentirse informados. Siempre dentro de una contradicción en el discurso: los medios mienten y tratan de manipularnos; pero cuando queremos saber algo ellos son la fuente más confiable. Esto puede explicarse por la doble direccionalidad de la utilización de la información donde el emisor y el receptor juegan un papel importante para que resulte las maniobras de control. Este tema interesante lo trataré en otra oportunidad ¿La razón? existe una situación que considero más urgente a comentar.

En la lluvia de imágenes televisivas y los medios personales en Internet, nos topamos con una innumerable cantidad de comentarios referente a los saqueos efectuados por personas en los lugares del desastre y en otros lados no tan golpeados. Durante los días me ha tocado escuchar opiniones y explicaciones de los actos “desesperados”, “vandálicos” u otra calificación lanzada al aire sin encontrar una razón que pueda esclarecer el fenómeno.

En el artículo anterior nombré la dualidad referida entre el chileno, especialmente el proveniente del sur del país, como solidario, por un lado, mientras ahora se presenta como egoísta y malvado. Pero en las noticias no se han detenido en una especie de saqueo mas incomprensible e injustificable: la realizada con efectivo y tarjeta.

El domingo, cuando el supermercado reabrió -lleno de carabineros en los pasillos- acá cerca de la casa, mientras quise ir a comprar un paquete de velas para la noche sin electricidad, pude fijarme como las estanterías se encontraban casi vacías. Las cajas llenas de personas con carros al límite de mercadería, donde las películas finmundistas no alcanzan a reflejar la realidad de la desesperación especulativa. En Santiago, por lo menos en el supermercado que estaba, se realizaba un saqueo parecido al mostrado en Concepción. Las personas arrasaban con la mercadería, acaparando los paquetes de fideos y velas, como si el tsunami estuviera a punto de sobrepasar la Angostura de Paine desde Cobquecura u otro lugar olvidado, aunque sea el epicentro.

Este saqueo no fue tan castigado, porque a diferencia del otro más sureño y cercano a la catástrofe se pagaba para sacar los víveres de la tienda. Aunque tenía las mismas consecuencias del anterior: desorden, escases, especulación en los precios, etc. Tenía también por lo menos una causa común: la inclinación al acaparamiento. Los chilenos del sur podían justificar más el saqueo -el ilegal- por las condiciones en que se encontraban con sus casas destruídas, muchos sin dinero -por haber abandonado sus hogares o por estar a fin de mes- para comprar alimentos, la necesidad y falta de ayuda ordenada por parte de las autoridades, por nombrar algunas causas. En cambio ¿Cómo justificar el saqueo -legal- vivido en los supermercados, bencineras y almacenes de ciudades golpeadas, pero no devastadas por el terremono, como Santiago?

El caos y la Política

Columna Blog CreoFalso 02 de marzo 2010

Llama la atención las escenas de caos y destrucción que vemos en vivo y en directo por la televisión.

Muestran como unos tipos tiran una bomba, no estoy exagerando, UNA BOMBA, a un Mall causando un incendio, desviando la atención de bomberos desde las labores de rescate hasta el centro comercial.

Esta acción inexplicable es justificada como una estrategia para evitar que las fuerzas de orden (policías y militares) estén concentradas en la protección de las viviendas de los civiles, para poder realizar algunos asaltos y saqueos.

Pero tanta maldad y organización parece superar los límites de la desesperación y codicia humana. Las razones éticas no alcanzan para darnos a entender las directrices que llevan a estas personas a realizar dichas acciones. Cuando la ética queda corta, siempre podemos encontrar la verdadera causa en las estrategias políticas.

La historia tiene potentes ejemplos de movimientos políticos provocados por dirigentes deseosos de popularidad y gobernabilidad que estuvieron dispuestos a incendiar sus imperios, como Nerón con Roma, para conseguirla.

No hay elementos para afirmar nada, pero tanto caos sólo ha favorecido a cierto sector más conservador de nuestro país. Con el desorden nunca ganaron los Anarquistas, como piensan algunos, sino los grupos más reaccionarios de la sociedad.

Aunque no se puede culpar a ninguna estructura política, no deja de ser sospechoso el aprovechamiento político que efectúan algunos. El terremoto es natural, los saqueos es parte de la maldad humana, pero alimentar tanto desorden e inseguridad, comúnmente, tiene una razón política.

¿Cuál es la explicación para esto?

En nuestros días la realidad se vuelve tan irreal que no es necesario vivir las situaciones, para estar seguro de como sucedieron y cuál es su conformación. De esta forma la mayoría de las personas se ha acostumbrado a identificar como causa los fenómenos emitidos bajo una leyenda tendenciosa, que responde a conocidos intereses editoriales.

Por ejemplo, las escenas de saqueos parecieran describir a un chileno estéticamente solidario y realmente codicioso. La Teletón se identifica como un ejemplo de altruismo que nos hace parecer buenos y desinteresados. Pero las imágenes bombardeadas por los distintos noticiarios, nos hace pensar que somos egoístas y malvados. Se toma como una certeza que la gente del sur de Chile son más amables, pero ¿Los despachos de la televisión no vienen de esa zona?

En el supermercado pude ver cómo personas llenaban carros con comida, como si el tsunami cubriera el Santa Lucía, esta sensación de inseguridad crea un clima muy favorable para las posturas más duras identificadas con las derechas políticas. De la misma forma que los grandes comerciantes suben los pesos por una posible e imaginaria escasez, en Santiago existe una “especulación del saqueo”, que instaló un terror a la inhumanidad injustificada por la realidad.

La razón de lo nombrado en el anterior párrafo, es la estructura de la verdad que hemos aprendido a creer desde hace algunos años. Vivimos la Guerra del Golfo y el ataque a la Segunda Torre Gemela por televisión, muchachos toman como parte de su vida cotidiana una no realidad, llamada realidad virtual, que se ha convertido en un espacio más real que la propia realidad. La conectividad y la HD nos hace pensar que cada vez lo emitido por el televisor no es sólo cada día más detallado, sino un reemplazo de la muy definido de la verdad efectiva del mundo.

Por lo tanto, los nuevos Nerones no necesitan incendiar su imperio, sólo basta con enfocar y reforzar los elementos de la verdad desde la cual queremos atrapar al televidente para ir construyendo su visión de las situaciones y sus acciones futuras.

Eso no quiere decir que no financien campañas de terror que involucre muerte, podemos recordar el caso del periodista brasileño que financiaba asesinatos para tener la exclusiva. Pero en nuestros días pueden provocar un efecto más efectivo, manchándose menos las manos, sólo necesitan informar y reinformar, aunque claro, sólo la parte editorialmente conveniente.