Con los ojos cerrados.

Relato Circuito Alternativo 19 de marzo 2013

Entre las dudas más comunes está la de experimentar la vida de un ciego. Desde los orígenes del pensamiento, la vista, es considerada como el sentido superior, capaz de mostranos la amplitud, la diferencia y la perspectiva (tres condiciones muy preciadas en nuestros tiempos). Una vez vendé mis ojos he intenté caminar por la casa. En primer momento no fue nada muy complicado, el camino era reconocido, existía un cierto GPS corporal que no parecía apoyado en la visión; pero el experimento, a todas luces tramposo, no permitía lograr el objetivo planteado porque aunque no veía las cosas sabía donde estaban al haberlas mirado anteriormente.
Para desafiar lo relatado en el primer párrafo debía lograr pasar un límite, sin postular al suicidio de caminar por una calle atestada de autos con los ojos vendados. Una forma de desorientarse, incluso con los ojos abiertos, es girar un poco sobre mi propio eje… el resultado es inmediato: choqué con una pared al tercer paso ¿Cuál de las paredes es? Si con mis manos la intento des-cubrir podría intentar ubicarme en algún recuerdo visual… lo pensé… lo iba a hacer, hasta que justo antes de realizar el plan me di cuenta nuevamente de mi clara intención de hacer trampa.
Di dos pasos y choqué de nuevo. “Debo estar en una esquina” pensé. Retrocedí y el mareo me jugó una mala pasada: choqué nuevamente sin saber donde diablos estaba caminando.
Las paredes funcionaron como perros pastores, rebotando cada dos o tres pasos hasta que pude liberarme de toda atadura visual. Choqué con algo ¿Una mesa? ¿Una cómoda? No sé… era algo, un no sé qué.
Los dolores poco a poco, fueron conformando un mapa mental de los lugares, alturas, distancias de los escollos en mi camino: pared, un algo, una ventana, esta escalera. Después de la escalera no pude escapar al laberinto de la memoria, las imágenes dominaban involuntariamente mi caminar, los dolores disminuían al tiempo que sentía conocer donde estaba. Con los ojos cerrados pude obtener la mirada del día, gracias a la experiencia. Luego de unos minutos, sin agudizar mayormente ningún sentido, pude caminar muy normal, tomar buenas decisiones y eliminar al mínimo las posibilidades de nuevas colisiones con los objetos detenidos en el espacio.
El tiempo, luz inacabable de orientación, pasaba con una rapidez insospechada; pero luego de este experimento de ceguera algo siempre apareció oculto: el ciego.
Al des-vendarme los ojos parecían acostumbrarse a la flojera, poco veían, eran creativos e integraban colores inexistentes en el aire, el tiempo siguió como siempre aunque un poco más actualizado luego de ver la hora en el teléfono.
El ciego ¿Dónde estuvo todo este tiempo? No estaba en los choque o mareos, no son necesarios para ser ciego. En la idea de trampa ¡Imposible! Ese pensamiento no tiene sentido cuando simplemente no tienes posibilidad de realizarla. El ciego no es quien no ve, sino quien no puede hacerlo. Lo mío era un juego, donde desaparecían las condiciones primordiales. Al final es ciego no está aquí, no lo puedo ver.

David Leal Olivares
@davidlealo
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